Como guarda el avaro su tesoro
guardaba mi dolor;
yo quería probar que hay algo eterno
a la que eterno me juró su amor.
Mas, hoy lo llamo en vano y oigo al tiempo
que lo agotó, decir:
—¡Ah, barro miserable, eternamente
no podrás ni aún sufrir!
Gustavo Adolfo Bécquer
español; 1830 - 1870
LXIV
LXII
Primero es un albor trémulo y vago,
raya de inquieta luz que corta el mar;
luego chispea y crece y se dilata
en ardiente explosión de claridad.
La brilladora luz es la alegría,
la temerosa sombra es el pesar:
¡ay!, en la oscura noche de mi alma,
¿cuándo amanecerá?
Gustavo Adolfo Bécquer
español; 1836 - 1870
LXVIII
No sé lo que he soñado
en la noche pasada.
Triste, muy triste debió ser el sueño,
pues despierto la angustia me duraba.
Noté al incorporarme
húmeda la almohada,
y por primera vez sentí, al notarlo,
de un amargo placer henchirse el alma.
Triste cosa es el sueño
que llanto nos arranca;
mas tengo en mi tristeza una alegría:
¡sé que aún me quedan lágrimas!
español; 1836 - 1870
LXI
Al ver mis horas de fiebre
e insomnio lentas pasar,
a la orilla de mi lecho,
¿quién se sentará?
Cuando la trémula mano
tienda próximo a expirar
buscando una mano amiga,
¿quién la estrechará?
Cuando la muerte vidríe
de mis ojos el cristal,
mis párpados aún abiertos,
¿quién los cerrará?
Cuando la campana suene
(si suena en mi funeral)
una oración al oírla,
¿quién murmurará?
Cuando mis pálidos restos
oprima la tierra ya,
sobre la olvidada fosa
¿quién vendrá a llorar?
¿Quién en fin al otro día,
cuando el sol vuelva a brillar,
de que pasé por el mundo,
¿quién se acordará?
Gustavo Adolfo Bécquer
español; 1836 - 1870
LX
Mi vida es un erial,
flor que toco se deshoja;
que, en mi camino fatal,
alguien va sembrando el mal
para que yo lo recoja.
Gustavo Adolfo Bécquer
español; 1836 - 1870
LII
Olas gigantes que os rompéis bramando
en las playas desiertas y remotas,
envuelto entre la sábana de espumas,
¡llevadme con vosotras!
Ráfagas de huracán, que arrebatáis
del alto bosque las marchitas hojas,
arrastrado en el ciego torbellino,
¡llevadme con vosotras!
Nubes de tempestad que rompe el rayo
y en fuego ornáis las desprendidas orlas,
arrebatado entre la niebla oscura,
¡llevadme con vosotras!
Llevadme, por piedad, a donde el vértigo
con la razón me arranque la memoria.
¡Por piedad...! ¡Tengo miedo de quedarme
con mi dolor a solas!
Gustavo Adolfo Bécquer
español; 1836 - 1870
XLIII
Dejé la luz a un lado, y en el borde
de la revuelta cama me senté,
mudo, sombrío, la pupila inmóvil
clavada en la pared.
¿Qué tiempo estuve así? No sé; al dejarme
la embriaguez horrible del dolor,
expiraba la luz y en mis balcones
reía el sol.
Ni sé tampoco en tan terribles horas
en qué pensaba o qué pasó por mí;
sólo recuerdo que lloré y maldije
y que en aquella noche envejecí.
Gustavo Adolfo Béquer
español; 1836 - 1870