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Rendición

Quebrantaré en tu honra mi vieja rebeldía
si sabe combatirme la ciencia de tu mano;
si tienes la grandeza de un templo soberano
ofrendaré mi sangre para tu idolatría.

Naufragará en tus brazos la prepotencia mía
si tienes la profunda fruición del océano;
y si sabes el ritmo de un canto sobrehumano
silenciarán mis arpas su eterna melodía.

Me volveré paloma si sientes ampliamente
la garra vencedora del águila potente.
Si sabes ser fecundo seré tu floración.

Y brotaré una selva de cósmicas entrañas,
cuyas salvajes frondas románticas y hurañas
conquistará tu imperio, si sabes ser león.

María Eugenia Vaz Ferreira
uruguaya

El dulce milagro

¿Qué es esto? ¡Prodigio!: ¡Mis manos florecen!
¡Rosas, rosas, rosas a mis dedos crecen!
Mi amante besome las manos y en ellas,
¡oh gracia!, brotaron rosas como estrellas.

Y voy por la senda voceando el encanto
y de dicha alterno sonrisa con llanto
y bajo el milagro de mi encantamiento
se aroman de rosas las alas del viento.

Y murmura al verme la gente que pasa:
¿No veis que está loca? Tornadla a su casa!
¡Dice que en las manos le han nacido rosas
y las va agitando como mariposas...

¡Ah, pobre la gente que nunca comprende
un milagro de éstos y que sólo entiende
que no nacen rosas más que en los rosales
y que no hay más trigo que el de los trigales!

Que requiere líneas y color y forma,
y que sólo admite realidad por norma;
que cuando uno dice: «Voy con la dulzura»,
de inmediato buscan a la criatura...

Que me digan loca, que en celda me encierren,
que con siete llaves la puerta me cierren,
que junto a la puerta pongan un lebrel,
carcelero rudo, carcelero fiel,

¡cantaré lo mismo: «mis manos florecen!
¡Rosas, rosas, rosas a mis dedos crecen!
¡Y toda mi celda tendrá la fragancia
de un inmenso ramo de rosas de Francia!

Juana Fernández Morales de Ibarbourou
uruguaya

Rebelde

Caronte: yo seré un escándalo en tu barca.
Mientras las otras sombras recen, giman o lloren
y bajo sus miradas de siniestro patriarca
las tímidas y tristes, en bajo acento, oren,

yo iré como una alondra cantando por el río
y llevaré a tu barca mi perfume salvaje;
e irradiaré en las ondas del arroyo sombrío
como una azul linterna que alumbrara en el viaje.

Por más que tu no quieras, por más guiños siniestros
que me hagan tus dos ojos, en el terror maestros,
Caronte, yo en tu barca seré como un escándalo.

Y extenuada de sombra, de valor y de frío,
cuando quieras dejarme a la orilla del río,
me bajarán tus brazos cual conquista de vándalo.

Juana de Ibarbourou
uruguaya

Vida-garfio

Amante: no me lleves, si muero, al camposanto.
A flor de tierra abre mi fosa, junto al riente
alboroto divino de alguna pajarera
o junto a la encantada charla de alguna fuente.

A flor de tierra, amante. Casi sobre la tierra,
donde el sol me caliente los huesos, y mis ojos,
alargados en tallos, suban a ver de nuevo
la lámpara salvaje de los ocasos rojos.

A flor de tierra, amante. Que el tránsito así sea
            más breve. Yo presiento
la lucha de mi carne por volver hacia arriba,
por sentir en sus átomos la frescura del viento.

Yo sé que acaso nunca allá abajo mis manos
            podrán estarse quietas;
que siempre como topos arañarán la tierra
en medio de las sombras estrujadas y prietas.

Arrójame semillas. Yo quiero que se enraícen
en la greda amarilla de mis huesos menguados.
¡Por la parda escalera de las raíces vivas
yo subiré a mirarte en los lirios morados!

Juana de Ibarbourou
uruguaya

El afilador

Este dolor heroico de hacerse para cada noche
un nuevo par de alas...
¡Dónde estarán las que ayer puso sobre mis hombros
el insomnio de la primera hora del alba!

Día, afilador de tijeras de oro
y puñales de acero y espadas de hierro;
anoche yo tenía alas
y estuve cerca del cielo.

Pero esta mañana
llegaste tú con tu flauta, tu piedra.
tus doce cuchillos de plata.

Y lentamente me fuiste cortando las alas.

Juana de Ibarbourou
uruguaya

La sed

¡Tengo sed, sed ardiente! dije a la maga, y ella
me ofreció de sus néctares. ¡Eso no: me empalaga!
Luego, una rara fruta, con sus dedos de maga,
exprimió en una copa clara como una estrella;

y un brillo de rubíes hubo en la copa bella.
Yo probé. Es dulce, dulce. ¡Hay días que me halaga
tanta miel, pero hoy me repugna, me estraga!
Vi pasar por los ojos del hada una centella.

Y por un verde valle perfumado y brillante,
llevome hasta una clara corriente de diamante.
–¡Bebe! –dijo. Yo ardía, mi pecho era una fragua.

Bebí, bebí, bebí la linfa cristalina...
¡Oh, frescura! ¡Oh, pureza! ¡Oh, sensación divina!
–Gracias, maga, ¡y bendita la limpidez del agua!

Delmira Agustini
uruguaya

de: https://www.poesiacastellana.es/poema.php?id=La+sed&poeta=Agustini%2C+Delmira

Eligías dulces [¿fragmento?]

Hoy desde el gran camino, bajo el sol claro y fuerte,
Muda como una lágrima he mirado hacia atrás.
Y tu voz, de muy lejos, con un olor de muerte,
Vino a aullarme al oído un triste «¡Nunca más!».

Tan triste, que he llorado hasta quedar inerte...
¡Yo sé que estás tan lejos que nunca volverás!
No hay lágrimas que laven los besos de la Muerte...
Almas, hermanas mías, ¡nunca miréis atrás!

Los pasados se cierran como los ataúdes;
al otoño, las hojas en dorales aludes
ruedan... y arde en los troncos la nueva floración...

...Las noches son caminos negros de las auroras...
Oyendo deshojarse tristemente las horas
dulces, hablemos de otras flores al corazón.

Delmira Agustini
uruguaya

Otra estirpe

Eros, yo quiero guiarte; Padre ciego...
pido a tus manos todopoderosas
¡su cuerpo excelso derramado en fuego
sobre mi cuerpo desmayado en rosas!

La eléctrica corola que hoy despliego
brinda el nectario de un jardín de Esposas;
para sus buitres en mi carne entrego
todo un enjambre de palomas rosas.

Da a las dos sierpes de su abrazo, crueles,
mi gran tallo febril... Absintio, mieles,
viérteme de sus venas, de su boca...

¡Así tendida, soy un surco ardiente
donde puede nutrirse la simiente
de otra Estirpe sublimemente loca!

Delmira Agustini
uruguaya

de: https://www.poesi.as/dag0001.htm

Madrigal

A la leve copa de tus labios rojos
ávida de dicha, loca de emoción,
irá rola henchida de ingenuos antojos
la paloma blanca de mi corazón.

Y tú, cual corola de lirio de seda,
como el tibio soplo de brisa oportuna,
temblarás acaso voluptuosa y leda
hecha de eucarísticas nieves de luna.

Luego tus mejillas, invioladas rosas,
sentirán el dulce temblor de mis besos,
prófugos y alados como mariposas...

Pero al fin, ¡oh amiga!, triste en su ilusión,
volará a otra copa busca de excesos
la paloma blanca de mi corazón.

Santos Aguilera
uruguayo