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Cuando nuestras dos almas

Cuando nuestras dos almas cara a cara
quedan en el silencio, y se aproximan
hasta quedar sus desplegadas alas
en dos puntos unidas y encendidas,

¿qué daño hacernos puede o qué injusticia
la tierra? ¡Bah! Si más nos ensalzáramos
los ángeles, mi amor, nos brindarían
de su áureo mundo el armonioso canto.

¡Y adiós nuestro amadísimo silencio!
Quedémonos más bien donde los goces
más altos son extraños a los hombres,

donde las almas puras viven lejos
del mundo, en un rincón en que quererse,
rodeados de las sombras de la muerte.

Elizabeth Barrett Browning
inglesa

traducción o de Enrique Díez-Canedo o de Fernando Maristany

Si amarme quieres

Si amarme quieres, sólo amor te mueva.
No digas: «la he de amar porque me agrada
su celestial sonrisa, su mirada,
su voz, su pensamiento que se eleva

como el mío, y al alma mía lleva
grata emoción». Que la emoción, pasada,
pudiera ser por ti menospreciada;
tal amor no triunfara en toda prueba.

Ni nazca tu cariño del encanto
que hallas tal vez al enjugar mi llanto:
quizá por ti olvidara mi dolor

y me olvidaras tú, feliz al verme.
Ámame por amor: así, quererme
podrás en una eternidad de amor.

Elizabeth Barrett Browning
inglesa

Traducción de Enrique Díez-Canedo

Soneto 29

Cuando amigos y suerte me abandonan
solitario lamento mi destino
con lágrimas que al cielo no impresionan;
me maldigo a mí mismo y abomino

mi triste estado, a otros envidiando
en esperanza ricos y en talento,
la habilidad de un hombre deseando
y los amigos de otro, descontento

con todo lo que tengo. Pero luego,
despreciándome casi al pensar eso,
meditar en ti feliz me entrego,

mi dolor olvidando en mi embeleso.
Pues tu cariño es la riqueza mía;
ni con los reyes mi suerte cambiaría.

W. Shakespeare

Traducción de Francisco Pérez Febres-Cordero

Why So Pale and Wan, Fond Lover? (¿Por qué tan pálido?)

¿Por qué tan pálido estás, joven amante?
¿Por qué luces enfermo?
No te ama ella si luces rozagante
¿y enfermo te amará su pecho yermo?
¿Por qué luces enfermo?

¿Por qué tan solitario y tan callado?
¿Por qué tan solitario?
Si hablándole, su amor ya ha negado,
¿pondrá el silencio fin a tu calvario?
¿por qué tan solitario?

¡Abandona esas artes! No habrá forma
ya que al amor la lleve.
Si de por sí al amor no se transforma
con nada lograrás ni un cambio leve.
¡Que el diablo se la lleve!

John Suckling

Traducción de Francisco Pérez Febres-Cordero

To His Coy Mistress (A su esquiva amante)

Si tuviéramos tiempo suficiente,
no fuera crimen tu pudor presente.
Podríamos sentarnos, la manera
a idear de agradable hacer la espera.
Recorriendo del Ganges las orillas,
rubíes buscarías; yo, a mil millas,
al Támesis mis quejas contaría.
Hasta el juicio final te esperaría;
podrías rehusar los besos míos
hasta el día en que todos los impíos
a la cristiana fe se convirtiesen.
Crecería mi amor tal como crecen
robles e imperios: grandes, pero lentos.

De alabar tu belleza en mis intentos,
podría dedicar un siglo entero
a esos ojos de mirar sincero,
doscientos años tu pecho honesto,
pero miles y miles para el resto.
Toda una eternidad en cada parte
—y quizás el corazón no puede hallarte.
Porque tú te mereces esa prisa,
mas no se puede dar a una indecisa.


Pero a mi espalda siento el carro alado
del Tiempo, que se acerca apresurado;
y si el camino que me aguarda oteo,
de eternidad desiertos sólo veo.
Tu belleza después se habrá extinguido
y mi canción no llegará a tu oído;
y por gusano has de ser violada
esa virginidad tan bien guardad.
Tu castidad en polvo ha de acabarse;
cenizas mi deseo ha de tornarse;
y aunque la tumba es un lugar privado,
para hacer el amor no es lo indicado.

Por eso, mientras dura el atavío
de juventud, que cubre cual rocío
fresco tu tez hermosa y delicada;
y el fuego con que tu alma está animada
aún fuerza y vida tiene, divirtámonos
cual aves amorosas; decidámonos
a devorar el tiempo, hora tras hora
y no languidecer, como hasta ahora.

Nuestra fuerza y dulzura hagamos una
sin titubeo o turbación alguna;
y en la batalla y el placer supremos
la puerta de la vida atravesamos.
Y al sol, que no logramos se detenga,
más energía obligaremos tenga.

Andrew Marvell

Traducción de Francisco Pérez Febres-Cordero

How Do I Love Thee? (¿Cómo te amo?)

¿Cómo te amo? Las formas deja cuente:
te amo hasta la altura ilimitada
donde el alma buscando va, inspirada,
a Dios, que es de la fe y la gracia Fuente;

te amo noche y día, plenamente,
pues somos uno en esta unión sagrada;
libre es mi amor, cual la Razón buscada;
puro es, cual la plegaria más ferviente.

Te amo con la pasión que usar solía
en mi pueril confianza, en mi tormento;
con un amor que con mi Fe se iría;

¡con las sonrisas, lágrimas y aliento
de mi vida!, y si quiere Dios, podría
amarte más tras mi postrer acento.

Elizabeth Barrett Browning

Traducción de Francisco Pérez Febres-Cordero

Death, Be Not Proud (A la muerte)

No el orgullo te tiene, ¡oh Muerte!, si te llaman
poderosa y terrible, porque nunca lo has sido;
aquellos que tú crees a tu golpe han caído
no pudren, pobre Muerte. Tus golpes no me escaman.

El descanso y el sueño —tus símiles— se aclaman
por el placer que dejan, de todos conocido;
y el placer de tu sueño debe ser más querido:
¡muchos huesos cansados reposo eterno claman!

Esclava del Destino, la Suerte y los suicidas,
las playas, el veneno, la guerra, te abastecen;
caricias y narcóticos igual que tú adormecen.

¿Por qué tu vano orgullo y engreimiento no olvidas?
Dormiré un poco; y cuando para siempre despierte
no habrá Muerte en el mundo: ¡morirás, pobre Muerte!

John Donne

Traducción de Francisco Pérez Febres-Cordero

Law, Like Love (Ley como amor)

La Ley, dicen los jardineros, es el sol,
la Ley es la que
los jardineros obedecen
mañana, ayer, hoy.

La ley es la sabiduría de los ancianos,
amonestas chillonamente los impotentes abuelos;
los nietos sacan una tremolante lengua,
la Ley es el sentido de los jóvenes.

La ley, dice el sacerdote con mirada sacerdotal
explayándose ante la gente nada sacerdotal,
La ley es la palabra de mi sacerdotal libro.
La ley es mi púlpito y mi campanario.

La ley, dice el juez mirando despectivamente,
hablando clara y muy serenamente,
La ley es como les dije antes
la Ley es como supongo saben
la Ley es pero dejen que les explique otra vez
la Ley es la Ley.

Pero los eruditos cumplidores de las leyes escriben:
la Ley no es el bien ni el mal,
la Ley es sólo crímenes
castigados en tiempos y en lugares,
La ley es la vestimenta de las gentes
en cualquier tiempo y lugar;
la Ley es Buenos-días y Buenas-noches.

Otros dicen, la Ley es nuestro Destino;
otros dicen, la Ley es nuestra Patria.
Otros dicen, otros dicen
ya no hay Ley
la ley se ha marchado.

Y siempre la muchedumbre grita disgustada
grita mucho, muy disgustada
la Ley somos Nosotros;
y siempre el suave tonto suavemente Yo.
Si nosotros, querida, sabemos que no sabemos más
que ellos sobre la Ley,
si yo no más que tú
sé qué debemos no hacer
excepto que todos están de acuerdo,
contentos o tristes,
en que hay Ley
y que todos saben esto;
y por lo tanto, piensan es absurdo
identificar la Ley con otra palabra.

A diferencia de tantos hombres
no puedo decir la Ley es, nuevamente;
ni menos que ellos podemos reprimir
el deseo universal de adivinar
o salirnos de nuestra posición
a un estado de indiferencia.
Aunque puedo por lo menos limitar
tu vanidad y la mía
a declarar tímidamente
un tímido símil
del que haremos alarde de todos modos:
como el amor, digo.

Como el amor, no sabemos por qué
como el amor, no podemos avanzar o huir
como el amor con frecuencia lloramos
como el amor pocas veces cumplimos.

W. H. Auden

Traducción de Francisco Pérez Febres-Cordero