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El bebé cosmonauta

El bebé cosmonauta, con su traje espacial, que le queda un poco grande, despega y se lanza a recorrer el infinito. Vuela sobre Venus y sus inmensos campos de esmeraldas, orbita sobre Marte, árido y reseco, y luego se lanza a lo profundo de la Vía Láctea. Contempla los destellos multicolores de las novas, las furibundas explosiones de las supernovas, y la oscuridad aterciopelada de los agujeros negros.
Montado en un cometa azul juega con las nubes de meteoritos y se va alejando de nuestra galaxia.
La lejana Andrómeda lo llama, y en su cometa de hielo viaja a donde nunca nadie ha llegado. Visita el planeta de los árboles de plata que saludan a los visitantes con el rumor argentino de sus hojas y dan los buenos días, las buenas tardes y las buenas noches a los bebés forasteros. Muy corteses, los árboles dicen adiós cuando el bebé se aleja buscando nuevas maravillas. Llega al brumoso planeta de los sueños perdidos, donde todo puede suceder, pero como todavía no conoce la nostalgia, atraviesa inmune sus nubes tornasoladas. El bebé quiere llegar a los confines de lo desconocido. A la zona de los huracanes estelares donde la luz, el color, el tiempo y el espacio, se vuelven lluvia cósmica, intensa, y arremolinada. Nadie ha llegado nunca hasta allí, nadie nunca los ha desafiado con su presencia, pero el bebé con una suave mirada amansa el caos, deshace la incertidumbre, y apacigua el miedo. Es invencible este bebé cosmonauta.
Luego regresa a su galaxia, a su planeta, a su casa, y a su cuna, y cuando finalmente despierta en los brazos de su madre que lo mira preocupada por esa vida riesgosa y aventurera que lleva, él le regala una sonrisa tranquilizadora y bosteza feliz y satisfecho.

– Alejandro García Villalón «Virulo».
Cubano.

La Flor, el Viento, la Mariposa , el Río, los Peces Voladores, la Sirena, y yo

Una flor
cansada de crisantemos
tan buenos
decidió
enamorarse del viento
violento
y pintó
su cara impúdicamente
para que un soplo caliente
la deshojara
de amor.

Su galán,
que siempre andaba soplando,
volando,
acudió
con aires huracanados,
malvados,
y pasó
lo que la flor deseaba:
ella quedó desflorada
y el viento azul
floreció.

Del amor
de aquella flor exaltada,
pirada,
germinó
una sutil mariposa
que ansiosa
se lanzó
a los mismos desvaríos
yendo la muy descocada
a enamorarse
del río.

Su galán,
que siempre andaba apurado,
mojado,
arrastró
a la pobre enamorada
alada
que entregó
la espuma de sus amores
para llenar la corriente
con mil peces
voladores.

Resultó
que uno de aquellos pescados
alados
conquistó
a una gentil pescadora
señora
que entregó
su vara con ligereza
y así nació la sirena
que ahora me trae
de cabeza.

El amor
de la sirena conmigo,
mi amigo,
floreció
al cabo de nueve meses
con creces
y ahora estoy
convertido en la niñera
de una preciosas sardinas
que tengo en mi
bañadera.

Qué maravillas hace el amor;
nada es absurdo,
nada imposible con su calor.

Qué maravillas hace su canto
que hasta las pierdas duras y frías
va alborotando
al pasar
volando.

Alejandro García Villalón, Virulo
cubano; 1955 -


La espiroqueta pálida

Era una hermosa espiroqueta pálida
que enloquecía al mundo microscópico
con sus andares de  muchacha tísica
y con sus ojos de color cianótico.

Cuando paseaba su figura exótica
los leucocitos se ponían eróticos
y le lanzaban piropos linfáticos
arrodillados sobre sus pseudópodos.

Pero la hermosa espiroqueta pálida
nunca escuchaba los mononucleótidos
ella soñaba con un ser utópico
que alborotara sus zonas erógenas.

Por eso un día de memoria trágica
abandonó este mundo microscópico
enamorada de un tipo estrambótico
que resultó ser sólo un antibiótico.


Alejando García Villalón, Virulo
cubano; 1955 -

Padre nuestro

Padre Nuestro que estás en los cielos,
mirando tus ojos en cada lucero,
¿por qué Tú has estado tan entretenido?
¿O es que Tus luceros todos se han fundido?

Primero fue el mundo que hermoso creaste-
pero en siete días... ¿por qué te apuraste?
Dicen que en la prisa siempre está el peligro--
sola la cazuela no hace bien el guiso;
i si nos creaste de polvo i de fango
lógico que el guiso sea arroz con mango.

Luego vino el sexo, con él la discusión:
si los pantalones son de hembra o varón;
pero al fin i al cabo Tú, como buen charro,
la mujer pusiste a fregar cacharro.

Después fueron tonos, i ahí la división:
en buenos i malos, según fuera el color.
Así que en Tu nombre, con blanca pureza,
dejaron al negro fuera de la pieza.

Al pasar el tiempo, el mundo miraste
i no viste nada de lo que soñaste;
i al ver a los hombres rumbo a la perdición
mandaste al diluvio como la solución.
Pero a fin de cuentas, mirando alrededor,
si el mundo era malo, hoy es mucho peor.

Más tarde, los hombres, por fin, de la mano,
trabajar quisieron juntos, como hermanos;
mas los dividiste, ya casi a Tu lado,
temiendo intentaran un golpe de estado.

Así, enumerando todos Tus defectos,
en definitiva, no eres tan perfecto.
Si a Tu semejanza ya fuimos creados
Yo puedo ser Dios i estar a tu lado.

Pensando i pensando, casi estoy ya claro
de que no eres ángel, ni guardián, ni faro.
Esa imagen tuya no nos hace falta-
ni tampoco el dogma, ni el miedo que asalta.

Es hora ya que los hombres tracen su propio destino
porque el sendero es muy largo i el andar hace camino.
Marchemos, pues, que en unión puede avanzarse i vencer;
nuestra propia redención está en nosotros, amén.

Alejandro García Villalón, Virulo
cubano, 1955-