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Una casita de tosca piedra

Una casita de tosca piedra
junto a la margen de un manantial
donde florece la verde hiedra
do enamorado canta el turpial.

Un manso lago de blanca espuma
en cuyas ondas de azul color
boguen las cisnes de nívea pluma,
al son de remo del pescador.

Un cielo limpio lleno de estrellas
desvaneciendo la oscuridad;
suaves perfumes, músicas bellas,
y allá, a lo lejos, la tempestad.

Sobre mis labios tus labios rojos,
un solo pecho de nuestros dos,
juntas las manos, cerca los ojos,
y nuestras almas cerca de Dios.

Visto en Herencia, 1895, de Clorinda Matto de Turner– https://archive.org/details/herencianovelap00turngoog/page/n197/mode/2up?

Según un testimonio de Narciso Garay citado en el ensayo «Santos Cifuentes (1870-1932): la profesión de musical en Colombia en las dos primeras décadas del siglo XX» de Egberto Bermúdez, en el libro La hegemonía conservadora, 2018, editada por Rubén Sierra Mejía, p.239, es un poema de Carlos Tavera Navas, bogotano.

Un pensamiento en tres estrofas

No son los muertos los que en dulce calma
la paz disfrutan de la tumba fría;
muertos son los que tienen muerta el alma
            y aún viven todavía.

No son los muertos, no, los que reciben
rayos de luz en sus despojos yertos;
los que mueren con honra son los vivos¸
los que viven sin honra son los muertos.

La vida no es la vida que vivimos,
la vida es el honor y es el recuerdo;
por eso hay muertos que en el mundo viven
y hombres que viven en el mundo muertos.

Atribuido a Antonio Muñoz Feijóo, colombiano, por Alfonso Junco en «Cuatro versos en busca de un autor», Revista Javeriana, 1940.

No hay nada

No tengo qué darte, pobre limosnero
que con paso tarde vas por los caminos;
mi fuente está seca, mi alero sin trinos;
no tengo qué darte, sigue tu sendero.

Las lilas del huerto murieron de frío;
tan sólo hay ceniza de hoguera apagada;
no quieras quedarte, morirías de hastío;
sigue tu camino, porque aquí no hay nada.

En vano a tus plantas cubiertas de abrojos
imploras descanso con dolientes ojos;
ante tu miseria me quedo callada.

En vano me miras callado y sombrío;
es más compasivo decir que no hay nada
que darte la sombra de un nido vacío.

Dolores Adame
colombiana

Abstracción

A veces melancólico me hundo
en mi noche de escombros y miserias,
y caigo en un silencio tan profundo
que escucho hasta el latir de mis arterias.

Más aún: oigo el paso de la vida
por la sorda caverna de mi cráneo,
como un rumor de arroyo sin salida,
como un rumor de río subterráneo.

Entonces, presa de pavor y yerto
como un cadáver, mudo y pensativo,
en mi abstracción a descifrar no acierto

Si es que dormido estoy o estoy despierto,
si un muerto soy que sueña que está vivo
o un vivo soy que sueña que está muerto.

Julio Flórez Roa
colombiano; 1867 - 1923

Piedad

Yo, que nunca en mi pecho di cabida
al pulpo constrictor del egoísmo
y que antes bien desperdicié mi vida
sirviendo a los demás con heroísmo,

hoy, cerca ya de la final partida
vuelvo los ojos a mi propio abismo
y siento, con el alma estremecida,
una lástima grande de mí mismo.

Si esto sucede a un pobre miserable,
¿qué no a Ti, buen Jesús, Dios inefable,
cuya bondad se funde con tu esencia?

Desciende, pues, por caridad, del cielo,
y haz que broten las rosas del consuelo
en el seco jardín de mi existencia.

Nicolás Bayona
colombiano

Soledad

¡Qué soledad, qué soledad tan sola!
Es igual que la meta sin camino,
como la copa huérfana de vino
y como la ribera sin la ola.

Es soledad que en el silencio viola,
es el ala viajera sin destino,
es el panal sin miel, rueca sin lino
y desolado cáliz sin corola.

Solo en mi soledad mi vida inmolo
vagando y divagando por ciudades
inexistentes donde vivo solo.

Ni un sueño azul mi soledad empaña:
en esta soledad de soledades
la soledad más sola me acompaña.

Hernando Vega Escobar
colombiano

Ganador del Concurso del soneto del Diario El tiempo, año 1965

No son los muertos los que en dulce calma
la paz disfrutan de la tumba fría;
muertos son los que tienen muerta el alma
y aún viven todavía.

No son los muertos, no, los que reciben
rayos de luz en sus despojos yertos;
los que mueren con honra son los vivos
los que viven sin honra son los muertos.

La vida no es la vida que vivimos,
la vida es el honor, es el recuerdo;
Por eso hay muertos que en el mundo viven
Y hombres que viven en el mundo muertos.

Ricardo Palma
peruano

o

Antonio Muñoz Feijoo
colombiano

Silueta Interior

Muerta la fe, rendida la cabeza,
la lanza rota, el corazón sin brío,
voy por la carretera del Hastío
sobre el viejo rocín de la Tristeza.

Mi espíritu es un buen samaritano
que aúna en brazos de perenne alianza
algo de don Alonso de Quijano
con algo del paciente Sancho Panza.

No llevo rumbo ni llevarlo quiero,
ni tras de nadie voy ni a nadie espero,
ni espera nadie la llegada mía.

Como ya la ilusión no me conforta,
como todo es igual, nada me importa
morir hoy, o mañana, o cualquier día

Francisco Restrepo Gómez
bogoteño; 1889-1924.

El renacuajo paseador

El hijo de Rana, Rinrín Renacuajo,
salió esta mañana muy tieso y muy majo
con pantalón corto, corbata a la moda
sombrero encintado y chupa de boda.
—¡Muchacho, no salgas! —le grita mamá,
pero él hace un gesto y orondo se va.

Halló en el camino a un ratón vecino
y le dijo: Amigo, venga usted conmigo.
Visitemos juntos a doña Ratona
y habrá francachela y habrá comilona.

A poco llegaron, avanza ratón,
Estirase el cuello, coge el aldabón
da dos o tres golpes, preguntan: «¿Quién es?»
—Yo, doña Ratona, beso a usted los pies.
—¿Está usted en casa? —Sí, señor, sí estoy,
y celebro mucho ver a ustedes hoy.
Estaba en mi oficio, hilando algodón,
pero eso no importa, bienvenidos son.

Se hicieron la venia, se dieron la mano
y dice Ratico, que es más veterano:
Mi amigo, el de verde, rabia de calor
¡Démele cerveza, hágame el favor!
Y en tanto que el pillo consume la jarra
mandó la señora traer la guitarra
y a Renacuajito le pide que cante
versitos alegres, tonada elegante.

—¡Ay de mil amores lo hiciera, señora,
pero es imposible darle gusto ahora
que tengo el gaznate más seco que estopa
y me aprieta mucho esta nueva ropa!

—Lo siento infinito —responde tía Rata—,
aflójese un poco chaleco y corbata
Y yo, mientras tanto, les voy a cantar
Una cancioncita muy particular.

Mas estando en esta brillante función
de baile y cerveza, guitarra y canción,
la gata y sus gatos salvan el umbral
y vuélvese aquello el juicio final.

Doña Gata Vieja trinchó por la cola
al niño Ratico maullándole «¡Hola!»,
y los niños Gatos a la Rata Vieja,
uno por la pata, y otro por la oreja.

Don Renacuajito, mirando este asalto,
cogió su sombrero, dio un tremendo salto
y abriendo la puerta con mano y narices
salió dando a todos noches muy felices.

Y siguió saltando tan alto y aprisa
que perdió el sombrero, rasgó la camisa
se coló en la boca de un pato tragón
Y este se lo embucha de un sólo estirón.

Y así concluyeron, uno, dos y tres
Ratón y Ratona, y el Rana después.
Los gatos comieron, el pato cenó,
¡Y mamá Ranita solita quedó!

Rafael Pombo
colombiano; 1833 - 1912

La vida es soneto

Hizo Lope de Vega un buen soneto
sin decir nada, de orden Violante;
y así es la vida: en el primero cuarteto
canta la juventud saliendo avante.

En la edad varonil, el hombre inquieto
que lucha en pos del bien, rima incesante
pensando, iluso, conseguir su objeto
y es una octava el porvenir brillante.

Llega la ancianidad y el gran sujeto
de tanta inspiración surge triunfante:
¡es la muerte que asoma en el terceto!

Da la vida el reflejo agonizante
y el final de la estrofa es un secreto...
De la cuna al sepulcro es consonante.

José María Rojas Garrido
colombiano; 1824 - 1883