El bebé cosmonauta

El bebé cosmonauta, con su traje espacial, que le queda un poco grande, despega y se lanza a recorrer el infinito. Vuela sobre Venus y sus inmensos campos de esmeraldas, orbita sobre Marte, árido y reseco, y luego se lanza a lo profundo de la Vía Láctea. Contempla los destellos multicolores de las novas, las furibundas explosiones de las supernovas, y la oscuridad aterciopelada de los agujeros negros.
Montado en un cometa azul juega con las nubes de meteoritos y se va alejando de nuestra galaxia.
La lejana Andrómeda lo llama, y en su cometa de hielo viaja a donde nunca nadie ha llegado. Visita el planeta de los árboles de plata que saludan a los visitantes con el rumor argentino de sus hojas y dan los buenos días, las buenas tardes y las buenas noches a los bebés forasteros. Muy corteses, los árboles dicen adiós cuando el bebé se aleja buscando nuevas maravillas. Llega al brumoso planeta de los sueños perdidos, donde todo puede suceder, pero como todavía no conoce la nostalgia, atraviesa inmune sus nubes tornasoladas. El bebé quiere llegar a los confines de lo desconocido. A la zona de los huracanes estelares donde la luz, el color, el tiempo y el espacio, se vuelven lluvia cósmica, intensa, y arremolinada. Nadie ha llegado nunca hasta allí, nadie nunca los ha desafiado con su presencia, pero el bebé con una suave mirada amansa el caos, deshace la incertidumbre, y apacigua el miedo. Es invencible este bebé cosmonauta.
Luego regresa a su galaxia, a su planeta, a su casa, y a su cuna, y cuando finalmente despierta en los brazos de su madre que lo mira preocupada por esa vida riesgosa y aventurera que lleva, él le regala una sonrisa tranquilizadora y bosteza feliz y satisfecho.

– Alejandro García Villalón «Virulo».
Cubano.

Nijinsky

En
mi cuarito gris
la pared recubrí
de danzantes de ópera
en fotografías.
Y
en la lejanía
en mí me evadí,
inventando pasos
y óperas cantando.

Yo,
pobre cual nací,
que sueño en do y en mi,
en baile y ópera;
yo
que me desvanecí
a ver a Nijinsky,
a ver a Ulanova.

En
mi cuarto de hoy en día
en Londres o en París
los danzantes de ópera
están siempre junto a mí.
Yo,
bailarina de ópera
en su cuerpo de ballet,
yo bailo pasa a paso
y lo que quiero, hago.

Yo
soñé que bailaría
y en la coreografía
de arias me dormí.
yo
que me desvanecí
a ver a Nijinsky,
a ver a Ulanova.


Marc Lavoine
Traducción de Jorge Luis Pérez Armijos

Mi ciudad

El que os vaig a llegir, com a Nnal, es la lletra del Himne (Marxa Escolar) música també del Mestre Negri, el qual es canta en les Escoles de Guayaquil.

Es titula: Mi ciudad

(Es bó consignar, per a major comprenssió, que Guayaquil, el port més important de l'Equador, està situada en una llenca de terra, al peu d'unes muntanyetes, tenint en un cantó el caudalós riu Guayas, i, en l'altre, un braç del Pacific. En els meus viatges, no he vist mai una ciutat en condicions naturals de tal bellesa).


Mi ciudad radiante y bella
tiene un río sin igual;
tiene cerros de esmeralda
y planicie singular.

Mi ciudad es cual sultana,
con dos tronos de cristal,
uno es el río Guayas,
el otro, un brazo de mar.

Mi ciudad, al sol naciente,
la embelesa un nimbo azul,
y refléjase en sus aguas,
con serena excelsitud.

Mi ciudad, mediando el día,
al efluvio cenital,
parece un rincón del cielo
que a Dios le plugo otorgar. 


Mi ciudad, cuando atardece,
sincroniza la oración
que el mar, el río y los cerros,
entonan al Creador.

Es la Perla del Pacífico,
de mi ensueño, es el jardín;
es mi tierra, es mi cuna... 
¡mi ciudad es Guayaquil!
Pedro Maspons i Camarasa
catalán; 1885 - 1962